A pesar de la cara sombría, el P. marcidus no tienen mucho de qué quejarse: gracias a su estructura física (un poco menos densa que el agua), este pez puede flotar sin tener que gastar una gran cantidad de energía. A diferencia de la mayoría de los peces, se “pega” a sus huevos, sobre los que se sienta hasta que eclosionan.
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